Así quedaron los Pilares……..
a la espera de
Un
poco de historia…..
Transcribo los
fundamentos presentados ante el Senado de la Nación para que el sitio donde estan ubicados los Pilares sea declarado “Bien de
interés Histórico Nacional” (N° de Expediente 3943-D- 2008 – Trámite Parlamentario
N°092 (23/07/2008):
“En 1580 desde Asunción del
Paraguay, Juan de Garay llegó con sus hombres a la misma desembocadura del
Riachuelo y fundó la ciudad de la "Santísima Trinidad". Meses más tarde
envió dos expediciones a cargo de Hernandarias y Espíndola para llevar
familias, esclavos y ganados a las zonas aledañas. El 17 de octubre de 1580,
Juan de Garay repartió entre sus hombres los solares y huertas de la ciudad y,
una semana más tarde, hizo lo mismo con las "suertes de las chacras"
ubicadas en la Banda Norte del Río de la Plata. Orientadas de nordeste a
sudoeste, las "suertes" contaban con unos cuatro kilómetros de ancho
por unos nueve kilómetros de largo aproximadamente, y se hallaban unidas por el
"Camino del Fondo de la Legua".
De un total de sesenta y cinco,
quince "suertes" estaban ubicadas íntegramente en las tierras que
comprenden hoy el Partido de Vicente López. Desde entonces las fértiles tierras
comenzaron a ser explotadas. Así echaron sus bases los primeros asentamientos
estables en la cercanía del Río de la Plata.
Entre los primeros propietarios
de las tierras figura Don Juan Ruiz de Ocaña, quien fue poseedor de una
"suerte" cuya extensión de aproximadamente 3.000 metros de ancho por
9.000 metros de fondo, se encontraba entre las actuales calles Melo (Antes
Ibáñez) y Julio A. Roca de la Localidad de Vicente López - Partido de Vicente
López - Provincia de Buenos Aires, y que le fuera concedida el 15 de junio de
1583 y cabe destacar que parte de su fondo, completa hoy los límites del actual
Partido de Vicente López.
Se calcula que en 1605 la
población era de veinte vecinos, y considerando familiares, sirvientes y
esclavos dicho número ascendía a aproximadamente doscientos/doscientos veinte
personas. Para 1611, sólo diecinueve chacras se mantenían activas. Como eran
tierras sumamente fértiles, con el tiempo llegaron a convertirse en proveedoras
de cereales, vinos y leña de la ciudad de la Santísima Trinidad (hoy Buenos
Aires). Su explotación estuvo a cargo de mayordomos, capataces, o algún
sirviente, con mayor don de mando sobre los otros. Y así siguieron durante un
periodo que abarcó más de tres siglos.
A comienzos del siglo XVIII, en
ésta zona un grupo de campesinos y labradores, muchos de ellos arrendatarios,
comenzaron a acumular capital y se convirtieron en pequeños propietarios,
otros, en cambio, que eran grandes comerciantes de Buenos Aires, habían
adquirido chacras con el doble propósito de obtener una renta y contar con una
casa quinta en las cercanías de la ciudad. Las nuevas áreas de cultivo en la
provincia de Buenos Aires, obligaron a modificar la economía de la región.
Así en las cercanías de la costa
del Río de la Plata comenzaron a construirse las grandes chacras que caracterizaron
estos años de vida en la región. Eran unos rústicos cascos de estancia, que
oficiaban de vivienda cuando llegaban los grandes hacendados desde la ciudad de
Buenos Aires, con el fin de controlar sus inversiones en la zona.
A medida que las pequeñas chacras
se iban dividiendo en pequeñas quintas productivas, el cultivo de frutas,
hortalizas y forrajeras fue restando espacio a la tradicional producción de
cereales.
Durante la primera mitad del
siglo XIX, las chacras se fueron fraccionando con otras más pequeñas y dieron
origen a las "quintas de veraneo", ubicadas sobre las barrancas
costeras. Las familias de los "notables", aunque no residían en la
zona, descubrieron que la rusticidad de esas casas era un buen escenario para
el ocio. Hacia fines del siglo XIX, estas quintas de veraneo comenzaron a ser
utilizadas como residencias permanentes. La gran cantidad de comerciantes y
profesionales llegados de Buenos Aires, dieron origen a los primeros núcleos
urbanos de la zona. Ello impulsó nuevos cambios estéticos y la zona comenzó a
poblarse de grandes y cómodas residencias. Al mismo tiempo los caminos que se
iban construyendo, sumados a los viejos senderos que dividían las quintas,
fueron dejando paso al actual trazado urbano.
Siguiendo el camino DEL BAJO, -sobre
cuya traza se encuentra hoy la Avenida Del Libertador- que comunicaba Buenos
Aires con la lejana ciudad de Asunción en Paraguay, pasando por San Isidro, una
de las quintas más destacadas era la de SAN ANTONIO, propiedad, en ese entonces
de la familia Azcuénaga. Al pie del barranco y frente a la actual Estación
Vicente López, del Ramal Mitre-Tigre, en la calle Azcuénaga al 1100, se
encuentran los pilares de la entrada a la mencionada quinta SAN ANTONIO, que
conservaba el esplendor de las antiguas construcciones coloniales. Se
encontraba construida sobre las antiguas tierras de Juan Ruiz de Ocaña, su
primer propietario, adjudicadas por Garay, y servía de albergue a los
personajes más destacados de la época. Entre ellos, el Virrey Juan José de
Vertiz y Salcedo, -quien antes había sido gobernador, y solía pasar largas
temporadas en la quinta, como huésped habitual del matrimonio Ibáñez de
Echavarri, en aquel entonces propietarios de la Quinta SAN ANTONIO.
Estos pilares, durante el Siglo
XVIII marcaban la entrada a la magnífica propiedad de Pascual Ibáñez. En 1799,
puesta en remate, la quinta fue adquirida por Juan J. Castelli, el orador de la
Revolución de Mayo, contándose entre sus vecinos, Juan Larrea y Vicente de Azcuénaga,
miembros, al igual que Castelli, de la Primera Junta de Gobierno. Otro de sus
propietarios famosos fue el prestigioso comerciante Gaspar de Santa Coloma,
quien pasó a ocuparla en 1812. Santa Coloma, ha sido miembro del Cabildo de
Buenos Aires, varias veces.
A mediados del siglo XIX frente
al desarrollo de la economía, el transporte público, el comercio y el correo,
las autoridades locales se vieron obligadas a concesionar las rutas, permitir
el cobro de peajes, invirtiendo sus ganancias en empedrar caminos, canalizar
arroyos y construir nuevos y mejores puentes. Las rutas que así surgieron,
junto con los pequeños callejones que dividían las antiguas chacras, -y que
dieron lugar a las calles aún hoy persisten, aunque con otros nombres
(Zufriátegui, Laprida, Lavalle, Melo, Roca, San Martín, H. Irigoyen y Malaver,
entre otras)- sentaron las bases del actual desarrollo de la ciudad de Vicente
López. Al mismo tiempo, la expansión de la economía agro ganadera impulsó la
instalación de las primeras líneas de ferrocarril de la zona, destinadas a comunicar
las áreas productivas de la provincia con la ciudad.
El 27 de
junio de 1857, una ley provincial autorizó la creación de un ramal ferroviario
con el fin que circulara por el antiguo Camino del Bajo. Pero recién cinco años
después la Compañía Buenos Aires and San Fernando Railway, lo utilizó para
continuar el servicio que hasta entonces unía las estaciones Retiro y Belgrano.
El 10 de octubre de 1863, el entonces gobernador de la Provincia de Buenos
Aires, Don Mariano Saavedra, autorizó al empresario Eduardo Hopkins a prolongar
los servicios del ramal hasta la estación San Isidro.
El 1° de
enero de 1888, junto a los pilares del portón de la Quinta SAN ANTONIO, el
entonces Ferrocarril del Norte estableció la parada San Antonio, posibilitando
el traslado de pasajeros. El tráfico fue tan intenso que se debió construir una
nueva estación, la actual, que se inauguró el 15 de mayo de 1890 y se denominó
Vicente López en homenaje a Vicente López y Planes. La estación contempla un
desvío para cargas. Se considera que el cambio del nombre de la estación
obedece a ciertas influencias que ejerció en aquel momento Don Gregorio
Esperón, entonces propietario de la quinta cuyos límites llegaba a las actuales
calles de Azcuénaga y Melo, (lindera a la SAN ANTONIO) atento que era
descendiente de una hermana del Dr. Alejandro Vicente López y Planes, autor de
la letra del Himno Nacional, ex - Presidente, y ex - gobernador y paradigma del
desarrollo, dentro de esa época.
El 21 de diciembre de 1905, se
creó el partido de Vicente López y comenzó el loteo y remate de las tierras.
Por entonces Vicente López tenía alrededor de 7000 habitantes y ya sufría la
pérdida de importantes edificios históricos.
Durante la primera década del
siglo XX se lotearon las tierras y la construcción en el predio que antes
perteneció a la Quinta SAN ANTONIO, quedó en manos de Jaime LLavallol.
Finalmente fue adquirida por Cristóbal de Accini, que la convirtió en un lujoso
hotel denominado HOTEL EDEN, cambiando su nombre por el de PARQUE HOTEL en la
década de 1920, hasta su posterior demolición en 1934.
No hay en la historia de Vicente
López, registros de pulperías ni postas, como en otros lugares, fue siempre un
barrio residencial, ya desde sus comienzos por ser elegida por virreyes y otras
destacadas figuras de la sociedad, para residir. De las quintas se pasó a los
coquetos chalets. La aristocracia porteña encontró en los balnearios y recreos
del barrio un lugar de veraneo y esparcimiento. Siendo los pilares en cuestión
una de las últimas construcciones en pie de la época colonial.
Es de considerar que mediante Ordenanza Nº 9430 del
1º de diciembre de 1994, promulgada por Decreto Nº 7284 del 29 de diciembre de
1994, recaída en el Expediente Nº 1011/94 del Concejo Deliberante de la
Municipalidad de Vicente López, Provincia de Buenos Aires, se declaró de
"interés histórico municipal" a los pilares de los portones de la
Quinta SAN ANTONIO sitos en la calle Azcuénaga al 1100, dentro del cuadro de la
estación Vicente López.
Vale destacar entonces que la
declaración de Monumento Histórico Nacional de los "Pilares del
Virrey" denominación con que se conoce a los pilares que otrora enmarcaban
la entrada de la Quinta SAN ANTONIO, obedece a la necesidad de custodiar uno de
los últimos baluartes inmobiliarios de la historia de Vicente López.
Según el Censo de 2001, el
Partido de Vicente López tiene 274.082 habitantes, sobre una superficie de
33,77 Km2. Es la octava ciudad de la República Argentina en cuanto a población,
que es muy heterogénea en niveles socioeconómicos, con ascendencia italiana y
española, además de alemanes, polacos, ucranianos, armenios, israelitas,
chinos, coreanos, árabes, sirios y libaneses. Esta ciudad tiene diversas características
según los barrios. La zona cercana al Río de la Plata, en el Bajo de Vicente
López posee muchos clubes y lugares de esparcimiento. Este barrio también es
residencial con grandes mansiones y residencias de diplomáticos. Solamente cerca de la centenaria estación
ferroviaria se esparcen los comercios que se han agrupado en el Bajo de Vicente
López, creando un Centro Comercial con identidad propia”.
Es nuestra obligación la preservación del acervo histórico, declarando
Bien de Interés Histórico a los Pilares del Virrey, para evitar su reparación o
restauración por manos inexpertas, así como también su destrucción total o
parcial, custodiando su conservación.
Cronología a través de fotos de la mal nombrada “Puesta en Valor”……
“..la
arquitectura reúne todas las características culturales de un pueblo, el hábitat
es el núcleo mínimo en donde se da la impronta personal del hombre. No hay pueblo,
ciudad o edificio que no cuente una historia sólo es cuestión de detenerse y observar”
arq. Liliana Adamo.
Por esto es muy importante preservar los sitios históricos, porque se
está preservando y respetando la identidad de un pueblo, su historia y su
cultura.
Un pueblo que no respeta su historia y su identidad difícilmente tenga
un futuro sustentable, es como un ser humano sin ADN.
Y ahora van por la Plaza
Combatientes de Malvinas……
Si bien lo primero que se sacó en la zona del Bajo de Vicente López y
en particular en la calle Azcuénaga entre la calle Penna y Roca fue la antigua
Calesita, tomando como escusa su estado
deplorable, para ser reemplazada por una nueva. Pero lo primero que se hizo no
fue poner la calesita nueva sino la mal llamada Puesta en Valor de la “Pequeña
París”. Mal llamada por no respetar ni la identidad del sitio ni el entorno y
el valor histórico de los Pilares del Virrey..
Ya empezaron con los trabajos en la Plaza y nadie sabe que van a hacer y cuál es el proyecto, lo único que los vecinos esperamos es que no cámbien la traza
y que no aumenten el cemento sacando espacio verde tan escaso en todo el
partido. También esperamos que Don Ricardo, vecino de 101 años, pueda seguir
haciendo sus caminatas matutinas y sentarse a descansar en la Plaza viendo a
los niños jugar como hace casi todos los días y que no tenga que estar incomodo
porque el equipamiento no es el idóneo. Lo mostramos en una foto tomada en la
costa tomando sol y apoyándose en una mesa por no tener asientos con respaldo.
Hasta hace unos días:
Se puede ver en esta foto los juegos de chicos de troncos característicos de todas las plazas de Vicente López y, en el fondo, la vieja calesita que hoy día ya no está estas fotos son del año 2012.
























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